Por Luis Gerardo Martínez
Roquina es, a 7 años de su partida, emblema de muchas mujeres mexicanas que lucharon desde su casa, su pueblo, su comunidad por la dignidad de la vida. Nada ni nadie la doblaba, ni el viento ni la lluvia; ni la adversidad ni la intemperie; ni el político ni el desamor. Ella, siempre de pie con la cara en alto, sin estudios pero de gran sabiduría.
Mujer con temple, con carácter decía ella. Sonrisa franca, transparente y siempre bien intencionada. Siempre trabajando
No pertenecía a ningún partido político ni asociación civil, sin embargo luchaba por una política participativa. En La Joya, (en Toxtlacoayilla) fue la primera mujer en buscar que la comunidad tuviera, primero agua potable y luego luz eléctrica: formó comités e hizo posible su sueño para el bienestar de sus vecinos y de sus tres hijos. Poco pensaba en un beneficio personal, algo que yo le criticaba en silencio porque no lograba entender esa realidad que hizo historia.
Roquina se daba tiempo para todo: reía, lloraba, rezaba, cantaba, platicaba, peleaba, bailaba; era ella. Una mujer muy a su estilo y al de muchas: colorida y simpática, pensativa y justa. Ya enferma y con bastón en mano iba a bailar a toda fiesta que le invitaran. Se daba el tiempo para rechazar el ir al panteón: Yo lo visité en vida, ¿para qué voy a verlo al panteón?, afirmaba.
Trabajó inmensamente para lograr su meta de vida: que sus hijos tuvieran una vida mejor; que no sufrieran lo que ella vivió. Con el tiempo regresó a La Joya de donde nunca salió porque su terruño era su mayor orgullo. De una familia muy grande, los García, siempre nos habló bien de Mele, su padre; éste un hombre güero, de ojos azules, ya de grande encorvado y empequeñecido, decía que era de origen español, dueño de grandes extensiones de terreno en El Rincón, fue un ser muy querido en la región.
Roquina y Mele se parecían mucho: carácter fuerte pero cariñosos e inteligentes; ellos son nuestra historia y nuestra razón de ser. La mejor herencia que nos dejaron fue eso, vivir con dignidad.
Roquina caminó La Joya queriendo dejar huella en los corazones de sus habitantes, muchos de ellos familiares. ¿Por qué nos contaba anécdotas de allá? Porque no quería que la memoria del pueblo se perdiera, para que nosotros las contáramos, o en su caso las escribiéramos, para los demás y así trascender en la memoria de este fragmento de la humanidad.
Porque somos eso, la memoria genética e histórica de ellos, los seres que nos dieron la identidad para poder representar a los nuestros dignamente en la historia que coincidimos. Roquina estará en nuestra memoria para seguir existiendo.