Proceso Columbo, el maestro indígena que perdió un ojo por un ataque de la policía: “No soy ni mártir ni héroe, soy víctima de las malas decisiones de los malos gobiernos”
El pasado 1 de junio, un objeto pesado y rígido lanzado por elementos de Seguridad de Ciudad de México alcanzó al profesor, integrante de la CNTE, y lo dejó totalmente ciego
No fue una bala de goma. El artefacto que le fracturó el cráneo al maestro indígena de Guerrero, Proceso Columbo González, de 45 años, y que lo dejó sin vista para siempre, ni siquiera ha sido identificado con un nombre. No aparece en los manuales de los utensilios “permitidos” en las leyes mexicanas para contener manifestaciones y tampoco ha sido reconocido por la policía de Ciudad de México, la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), que fue la responsable del operativo que contuvo la manifestación de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), el pasado 1 de junio en las puertas del Zócalo de la capital y en la antesala de la inauguración, a solo unos kilómetros de distancia, del Mundial de fútbol.
Lo que sí es un hecho es que fue un proyectil, un objeto muy rígido, de tamaño mediano, en forma de T, lanzado desde un arma que tampoco ha sido identificada, por el cuerpo de seguridad que resguardaba la valla metálica gigantesca que rodeaba a la plancha de la principal plaza pública del país, frente a la calle 20 de noviembre, por donde un contingente de cientos de profesores del magisterio disidente de la CNTE avanzaba como parte de sus jornadas de protestas en contra del Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Las manifestaciones, anunciadas desde varios meses antes en el marco del Mundial y que eran del conocimiento de toda la población y de las autoridades, pedían lo que los maestros han solicitado durante la última década: la anulación de la Ley de 2007, que cambió el régimen de las pensiones de los trabajadores del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), con la que se pasó de tener un sistema solidario de pensiones a uno de cuentas individuales en las Afores (Administradora de Fondos para el Retiro). A esta demanda también se le suman otras dos: aumento salarial y la abolición de las reformas educativas de 2013 y 2019.
Cerco del operativo policial en Av. 20 de noviembre, frente al Zócalo de la Ciudad de México el 1 de junio.
CNTE
Un mes después de la agresión, Proceso Columbo González recuerda la tarde de ese 1 de junio, cuando él y sus compañeros fueron agredidos. “Ellos sabían cuáles eran las demandas; sin embargo, respondieron con este tipo de actuaciones que me recuerdan al Gobierno de Enrique Peña Nieto, cuando mandó cercar todo el centro histórico en 2013; lo mismo sucedió acá. Lo que quiere decir es que la presidenta Sheinbaum no está dispuesta a dialogar”, dice.
De aquel día quedan muchos videos y fotografías que la prensa, los propios maestros y algunos testigos documentaron. En la relatoría de los hechos realizada por el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Prodh) y por el Centro de Derechos Humanos de la Montaña, Tlachinollan, explican que cuando los maestros llegaron a la esquina de las calles 20 de Noviembre con Venustiano Carranza, se encontraron con el cerco policial y que, de acuerdo con las autoridades, se identificaron “detonaciones de explosivos”, sin que haya constancia de que las mismas provenían de la congregación del magisterio o que haya registro de personas heridas o alguna detención.
Además, señalan que detrás de las vallas donde estaban los policías “se llevaron a cabo decenas de detonaciones directamente sobre los manifestantes, se esparció gas y se realizaron descargas de proyectiles —inicialmente identificados como “balas de goma” por los manifestantes, sin que hasta el momento se conozca su origen o tipo— contra la concentración, presuntamente por parte de la policía capitalina. “Se tiene registro de que todas estas acciones se llevaron a cabo desde la parte trasera de las vallas, sin que el despliegue operativo haya hecho cualquier anuncio o llamado a la disolución de la manifestación y sin que se pudieran observar claramente los efectos que estas acciones estaban teniendo en las y los manifestantes”, dicen en el documento.
La Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos de México regula la portación de armas por parte de autoridades y cuerpos de seguridad, pero no autoriza el uso de armas de fuego ni letales contra manifestantes y especifica que el uso de la fuerza que realicen durante este tipo de eventos está sujeto a otras leyes y protocolos específicos de derechos humanos.
Maestros de la CNTE en Ciudad de México, el 1 de junio.
REBECA HERRERA
Aun así, si las fuerzas del orden intentan contener una manifestación, la Ley Nacional sobre el Uso de la Fuerza también regula el uso de las llamadas armas “no letales” o “menos letales” por parte de las instituciones de seguridad pública. A este tipo de armas la ley las define como aquellas “a través de las cuales se disminuyen las funciones corporales de un individuo, reduciendo al mínimo el riesgo de causarle lesiones que pongan en peligro su vida”. Esta norma indica que algunas de esas armas permitidas son la macana, un tolete o su equivalente, dispositivos que generan descargas eléctricas, esposas o candados de mano, sustancias irritantes en aerosol y mangueras de agua a presión. El objeto que hirió de por vida al profesor indígena Tu’un Savi no figura entre esta categoría.
“La Ley sobre el Uso de la Fuerza permite el uso de armas ‘no letales’ bajo los principios de necesidad, legalidad, proporcionalidad y rendición de cuentas. Su uso debe ser progresivo, estar debidamente justificado y documentado, y los agentes deben estar capacitados para emplearlas de manera responsable y respetando los derechos humanos”, dice la Ley. Y precisa: “El uso de armas menos letales está previsto para situaciones donde exista resistencia activa o de alta peligrosidad”.
Maestro indígena
Proceso González siempre quiso ser maestro. El hombre, originario del municipio de Xalpatláhuac, en la región de La Montaña, en Guerrero, obtuvo su primer nombramiento como parte de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en enero de 2006, cuando comenzó a dar clases de Biología e Introducción a la Física y Química en una secundaria en la localidad de Xilotlancingo, en el municipio de Acatepec —a unos 100 kilómetros de distancia—. Para llegar hasta ahí, recuerda, había que hacer un camino de entre ocho y diez horas, tomando varios medios de transporte y caminando algunos kilómetros.
La escuela solo existía en papel, pero le tocaba a él y al resto de profesores asignados ahí darle forma y construirla. Fueron de casa en casa invitando a las familias de los niños que terminaban la primaria para que acudieran a la nueva secundaria. Daban clases bajo ramales de árboles, en casas particulares o bajo cualquier tipo de techo que encontraran. “Había mucho rezago educativo, demasiado. Me encontré con grupos de alumnos que apenas si sabían leer o escribir o que apenas si me entendían a mí el español. Yo me encontré con sentimientos de nostalgia, de no saber qué hacer, cómo hacerle para entendernos y, afortunadamente, lo logramos. Yo tenía ganas de trabajar”, recuerda.
El maestro Proceso Columbo, el 2 de julio.
GINNETTE RIQUELME QUEZADA
A la CNTE se integró en 2007, justo cuando ocurrió la reforma a la ley de las pensiones durante el gobierno de Felipe Calderón. También fue parte del movimiento en 2013 en contra del Gobierno de Peña Nieto y su reforma educativa. Con la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia, en 2018, asegura González, el diálogo se abrió y los maestros se sintieron por primera vez escuchados. Aunque Obrador insistía en que, para echar a andar las modificaciones que ellos pedían, su gobierno necesitaba una mayoría en el Congreso, algo que todavía Morena no conseguía. “Se supone que eso fue lo que no permitió que se avanzara. Pero al irse él, pensamos que con la próxima presidenta sí había formas de impulsar los cambios constitucionales para las modificaciones. Recordemos que esto fue una promesa de la presidenta (la derogación de la Ley del ISSSTE); no podemos decir que fue un pacto cerrado. Esa fue una promesa que hizo no solo con la CNTE sino con todos los trabajadores del Estado que cotizan en el ISSTE”, dice.
“No hay diálogo”
El maestro González se refiere a la promesa que hizo en campaña Sheinbaum, y a un mitin que ha quedado grabado en video en el que la todavía candidata asegura: “Vamos a echar para atrás la reforma a las pensiones de 1997 y del 2007. Que condenaron a los trabajadores del Estado y afiliados al Seguro Social a pensiones de miseria. Eso quedó atrás con el neoliberalismo; nosotros pensamos en los trabajadores de México, por eso vamos a echar para atrás, con la ayuda de diputados y de senadores, el régimen de pensiones que aprobaron [Ernesto] Zedillo y el innombrable de [Felipe] Calderón”, dice una agitada y convencida Sheinbaum a un público que le aplaude y vitorea.
En junio pasado, en el marco de las protestas de los maestros de la CNTE que empañaban la imagen festiva del Mundial, la presidenta rectificó: “[Para] el otro esquema [de pensiones] no hay suficientes recursos del Estado mexicano para poder regresar a una situación como la anterior, y además las cuentas ya están individualizadas”, dice, visiblemente molesta. Además, el 5 de junio, la mandataria dijo que algunos de los manifestantes buscaban directamente ser reprimidos. “Ellos lo que quieren es que haya represión, porque, en realidad, hay una parte de estas manifestaciones que tiene que ver más con provocación”. Sheinbaum garantizó que el diálogo se mantenía abierto y recordó: “No los vamos a desalojar, porque eso es lo que quieren ver. ¿No se acuerdan del desalojo que hizo Peña Nieto de los maestros del Zócalo? ¿Con la policía de la Ciudad de México? Eso es lo que ellos quieren“.
Así como González, una gran mayoría de maestros de la CNTE niegan que exista una comunicación directa con la presidenta. “No hay diálogo. Ella no ha querido sentarse con la CNTE, pero sí con el dirigente del Sindicato de Trabajadores de la Educación (SNTE) Alfonso Cepeda, senador de Morena, por cierto. Es decir, no están hablando con los dirigentes que representan los intereses de los trabajadores de la educación, están hablando con la clase política, con sus compañeros de partido. En los hechos, pues, vemos que este no es un gobierno del pueblo. Sigue siendo un gobierno de la clase política hacia arriba”, asegura.
La agresión
El maestro González solo recuerda que estaba a unos metros del Zócalo, frente a las vallas de metal, cuando el contingente se detuvo. Avanzó para ver lo que pasaba y notó que unos artefactos eran lanzados hacia ellos. “Observé que de adentro empezaron los policías a lanzar unos objetos redondos, como pelotas con mechita, que al caer al piso reventaban, explotaban. Entonces, me alejé como a unos 50 metros, crucé la calle para irme hasta donde estaban mis compañeros, y fue ahí que me alcanzó el objeto. Yo no vi, solo sentí la explosión, el golpe, y me fui al piso. Escuché a mis compañeros pedir ayuda. Yo seguí consciente con mucho dolor, con un destello fuerte en la cabeza”, recuerda.
Proceso es atendido por sus compañeros y trasladado por sus propios medios para que recibiera atención.
HAARÓN ÁLVAREZ (CUARTOSCURO)
Las imágenes muestran cómo el maestro cae al suelo y comienza a sangrar, mientras sus compañeros lo resguardan y algunos de ellos también localizan el objeto que le ha destrozado la parte superior de la cabeza. González es trasladado a una clínica cercana, donde le niegan la atención al no contar con los materiales necesarios para la gravedad de su herida. El maestro es entonces trasladado al Hospital 1 de Octubre del ISSSTE, ubicado a unos 10 kilómetros al norte del centro, donde es atendido.
Sus notas médicas, una vez ingresado en ese hospital, detallan que el motivo de su consulta es una herida por proyectil, que presenta una fractura completa de órbita inferior izquierda y surco nasal, lesión ocular sin esquirla visible, y solicitan la intervención de neurocirugía, oftalmología y cirugía maxilofacial. También ordenan una “reconstrucción ósea de manera inmediata” y aseguran que su estado es muy grave. Al día siguiente, el 2 de junio, el reporte médico confirma que González sufrió “lesiones que causan la pérdida de un órgano”, es decir, su ojo izquierdo. El profesor ya había antes perdido la visión de su ojo derecho, debido a un padecimiento antiguo, así que este ataque lo dejó con la pérdida total de la vista.
“Cuando desperté, yo ya sabía que jamás volvería a ver. Me puse a ordenar mis pensamientos, adolorido y todo, y me dije, voy a salir adelante, voy a encontrar la forma, las fuerzas. Tengo una familia por la que luchar. Al menos por quien está vivo”, dice con una tranquilidad imponente y fiel a la lucha que ha enarbolado desde su juventud.
“Sí pienso que soy una víctima, pero no soy ni mártir ni héroe. Soy víctima de las malas decisiones de los malos gobiernos. Soy víctima de los malos protocolos, si es que los protocolos existen para esto, pero no había necesidad de hacer uso de la fuerza pública”, reclama.
González, su familia, el Centro Prodh y Tlachinollan presentaron una queja ante la Comisión de Derechos Humanos de Ciudad de México, en la que señalan a la SSC como responsable de su agresión, en la que hubo un uso excesivo de la fuerza, así como por haber violentado su derecho a la reunión, libertad de expresión y a la integridad personal.
Artefactos usado por la policía que impactó a Proceso Columbo.
GINNETTE RIQUELME QUEZADA
Las veces en que la policía “no dio la instrucción”
En la ciudad “más videovigilada del Mundial” y de América Latina, dos de las cámaras que podían registrar lo que ocurrió en los momentos del ataque al profesor no funcionaban. Tras una solicitud del material recabado por las autoridades capitalinas en el sitio y el momento de los hechos, la Secretaría de Seguridad Ciudadana ha respondido en un documento que no cuenta con las imágenes. “De acuerdo al sistema, las cámaras ID’S 2514 y 2212 no cuentan con imagen en el horario requerido, motivo por el cual se realiza el reporte de falla solicitando ticket al área correspondiente; por tal motivo, no es posible dar respuesta favorable a su requerimiento”, dice el oficio firmado por Héctor Hugo Lima Nava, encargado del Centro de Comando y Control del Centro Histórico (C2) el 2 de junio pasado.
La SSC ha negado que sus elementos usaran gases o balas de goma, y señaló a los maestros como los responsables de la agresión tras intentar derribar las vallas metálicas y lanzar ellos los artefactos sin que hayan presentado pruebas de ello. Sin embargo, no es la primera vez que un operativo de esta corporación hace, presuntamente, algo que no le es indicado.
Apenas el pasado 30 de junio, un colectivo de familias buscadoras fue agredido por elementos de la SSC. Tiraron y patearon en el suelo a uno de los padres buscadores, y acorralaron e intimidaron a otras mujeres. Los elementos responsables iban totalmente cubiertos y sin identificación visible. La SSC respondió con que “investigaría” la agresión, pues no habían dado ninguna instrucción para amedrentar al colectivo.
En noviembre de 2025 sucedió algo parecido. Tras la autodenominada marcha de la generación Z en Ciudad de México, siete agentes de la SSC fueron suspendidos por haber reprimido a manifestantes y periodistas. La jefa de Gobierno, Clara Brugada, declaró un par de días después: “He instruido que se realice una investigación exhaustiva sobre la actuación de algunos policías, de algunos elementos que pudieron cometer abusos sobre personas manifestantes. Nunca fue la intención, ni una orden”, dijo. (EL OAIS).