Auge de iglesias afines al sionismo hizo a Chiapas zona Israel friendly

Acto evangélico en San Cristóbal de Las Casas, donde convergen distintos credos.
Acto evangélico en San Cristóbal de Las Casas, donde convergen distintos credos. Foto Víctor Camacho

San Cristóbal de Las Casas, Chis., Chiapas se distingue por experimentar eventos religiosos de diversa índole con importantes implicaciones políticas, y no sólo sociales. La variedad y dispersión de iglesias y denominaciones cristianas resulta impresionante en una entidad con gran número de expresiones religiosas o místicas establecidas formalmente. Desde hace décadas, San Cristóbal de Las Casas ha sido epicentro de la pluralidad de creencias quizá única en México.

En años recientes se ha vuelto notoria la actividad de iglesias cristianas sionistas, las cuales, ante el genocidio perpetrado por Israel en Gaza durante tres años, optan por respaldarlo, algo muy similar a lo que ha transformado el mapa político-religioso de América Latina, devenida en la única área Israel friendly en el mundo fuera de Europa y las extensiones blancas del imperio británico.

Tan dinámicas son las iglesias y las filiaciones religiosas en Chiapas, particularmente en los Altos, que hasta la Iglesia católica, la más antigua, experimentó diferencias al establecerse aquí la llamada Teología de la Liberación bajo la conducción e inspiración del obispo Samuel Ruiz García, con abierta preferencia por los pueblos indígenas mayas, sobre todo a partir del histórico Congreso Nacional Indígena de 1974 en San Andrés Larráinzar.

Su éxito la confrontó con el catolicismo conservador de las clases dominantes y con el Estado priísta, hasta alcanzar el clímax con la insurrección indígena de 1994. Aunque el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ha evitado siempre cualquier identidad religiosa y opta por la libertad de creencias de los pueblos, es sabido que sus bases civiles y las organizaciones aliadas en la selva, el norte y los Altos son mayoritariamente católicas liberacionistas.

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Tan indiscutibles como difíciles de documentar, las creencias “tradicionales”, o sincréticas, quizás con elementos prehispánicos, forman parte de la religiosidad profunda de estas comunidades que antes de la espada y la Cruz ya vivían aquí.

San Cristóbal de las Casas ya era un lugar peculiarmente cosmopolita antes de la gentrificación galopante de los Pueblos Mágicos. En cuanto a lo religioso, abundan centros budistas y de meditación oriental, operan dos mezquitas islámicas con una base fundamentalmente tsotsil, hace décadas se estableció aquí una comunidad sij y más recientemente una discreta colonia jasídica que practica el judaísmo ortodoxo. Pero si algo cambió el perfil social y religioso del municipio y la ciudad de San Cristóbal fue la expulsión masiva de familias del vecino San Juan Chamula, que dejaron el “catolicismo tradicional” en los años 80 y se sumaron a iglesias evangélicas y pentecostales, para ser violentamente perseguidos por el poder político-religioso del ayuntamiento chamula.

Establecidos en el valle de Jovel y en otras partes de San Cristóbal, fundaron numerosas colonias y asentamientos, hoy muy poblados y populosos. La nota dominante es el sinnúmero de templos que uno encuentra, de una gran cantidad de denominaciones, algunas tan poderosas como los Testigos de Jehová, otras pentecostales, o iglesias tsotsiles, sobre todo al norte y el poniente de la ciudad. Lo mismo en nuevos centros urbanos como Betania. Algunas variantes evangélicas como La Roca y El Guardián de mi Hermano han realizado acciones de tipo militar, generalmente no violentas, aunque a la primera se le ha asociado con la banda Los Motonetos. En conjunto, el exilio chamula en San Cristóbal constituye un poder político, económico y religioso.

No debe soslayarse que los grupos paramilitares de los años 90 estaban integrados por evangélicos, y sus víctimas fueron bases zapatistas o de las organizaciones católicas afines en las regiones chol y tsotsil, como pudo verse con la matanza de Acteal contra Las Abejas en 1997 y las masacres en la zona norte.

Con este trasfondo, algunas denominaciones viraron hacia un sionismo-cristiano muy similar a lo que ha ocurrido en Centroamérica, toda la región andina y los territorios amazónicos de siete países, donde la diseminación de iglesias protestantes ha sido continua durante décadas. De ahí no hay más que un paso para el respaldo expreso o tácito al Estado de Israel. Así, se han convertido en la puerta de entrada del expansionismo israelí mediante prácticas religiosas cada vez menos cristianas que derivan en una suerte de judaísmo de segundo nivel, animado por iglesias similares de Estados Unidos que durante décadas han practicado un colonialismo religioso con consecuencias profundas en la vida comunitaria de los pueblos originarios de Chiapas.

Ya lo expresaba Benjamin Netanyahu durante una visita a Brasil en 2019: “no tenemos mejores amigos en el mundo que la comunidad evangélica, y la comunidad evangélica no tiene mejor amigo que el Estado de Israel”. Son 600 millones de creyentes, 133 en América Latina, de los cuales en México habría 10. En Brasil son cerca de 50 millones, y en Estados Unidos más de 90.

No es nueva la asociación de iglesias y organizaciones cristianas no católicas con el judaísmo. Lo novedoso es el giro pro-israelí que subrepticiamente han inducido pastores y “amigos” de sus iglesias. Norman Lewis, el escritor y cronista que dio origen a Survival International, alertó durante años sobre los efectos de estas nuevas misiones, que fomentan el individualismo y la hoy llamada “teología de la prosperidad”, que va directamente contra la cultura solidaria, participativa y comunitaria de los pueblos indígenas del continente.

Observó esto en América del Sur, Centroamérica, México, incluso en otros continentes. En 1983 señalaba que los misioneros fundamentalistas “renacidos”, reclutados en Estados Unidos para la Misión Nuevas Tribus “con equipamiento técnico impresionante y fondos abundantes”, anunciaban el “segundo advenimiento de Jesucristo”, el fin del mundo y la salvación de los verdaderos creyentes.

Con el tiempo, muchos se subordinaron al judaísmo en la versión oficial del Estado de Israel, y en consecuencia apoyan las acciones militares israelíes en Palestina y Líbano. Paradójicamente, podrían describirse más “religiosas” que el Estado israelí, más militar que teocrático, donde la selectividad “democrática” impidió durante 70 años la inclusión plena de los palestinos islámicos o cristianos; la participación política siempre fue privilegio de la minoría judía. En otra paradoja, el fervor evangélico, en su incondicionalidad con el Israel mítico y el real, encuentra poco aprecio en Israel, donde la población los trata como intrusos y no faltan quienes escupan a su paso; no los consideran sus iguales.

Una expresión notable de este sincretismo es la Iglesia de Dios del Judaísmo del Nuevo Testamento, una congregación religiosa que expresamente mezcla la fe cristiana del Nuevo Testamento con prácticas y elementos del judaísmo bíblico, al grado de centrarse en la salvación, la perfección y la santificación mediante el estudio y la práctica del judaísmo bíblico, y compartir con éste la espera del Mesías, el retorno de Yeshúa Ha-Mashiaj. La encabeza en México y Latinoamérica el apóstol Tito Galván Zafra. Sus grupos de acción son: Hijos de Abraham, Damas de Ruth, Los Valientes de David y Heme Aquí. Tiene presencia en diversas entidades del centro y el sur del país, pero en Chiapas han llamado la atención por su cercanía con las misiones israelíes de jóvenes miembros de las Fuerzas de Defensa de Israel, que participan, particularmente desde Tuxtla Gutiérrez y San Cristóbal de Las Casas, en incursiones “solidarias” en escuelas indígenas de Zinacantán, Chamula, Oxchuc y la propia San Cristóbal. LA JORNADA.