Migrantes enjaulados | Luis Gerardo Martínez García

Por Luis Gerardo Martínez Garcia

Para muestra basta otro botón. Estados Unidos, imperio en decadencia, vuelve a dar muestras de sus ejes políticos nodales: injerencismo, violatorio de los Derechos Humanos, represor, imperislista, totalitarista, falsa grandeza, guerras y mentiras.

Genera indignación, no sólo la actitud soberbia de un gobierno capitalista e invasor, sino también la de su presidente Donald Trump que se caracteriza por imponer sus ocurrencias, las de sus socios y sus superiores económicamente hablando.

Entre otras muestras de barbarie de Trump a nivel mundial (secuestrar al presidente de Ecuador, atacar embarcaciones o mantener camuflados a elementos de sus fuerzas armadas en países) están las arbitrarias detenciones a ‘migrantes’ que viven y trabajan en Estados Unidos, aún con documentos de residencia legal.

Con el sólo hecho de parecer latinos, morenos, chaparritos, ojos oscuros, lacios o chinos son detenidos sin los protocolos que los acuerdos internacionales demandan. Para eso, Trump impulsó el ICE que se convirtió en su brazo represor contra los migrantes.

Con más de 20 mil elementos, el ICE (El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos) detienen 50 mil migrantes al mes; es decir, arrestan arbitrariamente 2 mil personas diarias en promedio, en un ambientes hostil, intimidatorio, represor y violatorio de los Derechos Humanos.

En ese contexto, ICE implementó las jaulas de castigo de los migrantes en el Alligator Alcatraz. O llamadas, “áreas de tranquilización”, consistentes en jaulas metálicas en formato de cabina telefónica en donde se metieron por dos horas, a cada migrantes detenido, según el reporte del Departamento de Seguridad Nacional norteamericano, y donde además se señala: “es un lugar seguro y protegido en la población general para que los detenidos reflexionen sobre sus decisiones de conducta, gestionen sus emociones, reduzcan el estrés y practiquen una conducta dirigida a sí mismos”. De esa magnitud la desfachatez del gobierno gringo para justificar sus acciones inhumanas.

Indignación social ha despertado esta práctica de castigo por ser migrante (legal o ilegal); molestia por esta situación de psicosis que ha generado la persecución arbitraria del gobierno estadounidense en contra de latinos, africanos, asiáticos y comunidades originarias prioritariamente. Jaulas de tranquilización que se mantuvieron discrecionalmente hasta que se empezó a saber de ellas.

Las políticas de ICE separan familias completas, asesinan (porque en esos arrestos han fallecido varias personas), afectan psicológicamente, dejan an la orfandad a niños, desaparecen a jóvenes o los envían pero a otros países, desprotegen a madres de familia y adultos mayores; y lo que es peor, ponen en crisis la políticas diplomáticas con otros países.

Las comunidades internacionales, incluida la ONU pierden rumbo al no exigirle a Trump el detener estas medidas racistas y clasistas, represoras a todas luces. Éstas han permitido los caprichos del gobierno de EEUU.