Por Abel Barrera
Su liderazgo se volcó hacia las comunidades más apartadas. Como director de la escuela secundaria Sor Juana Inés de la Cruz, acompañó al comité de padres de familia y a los alumnos para protestar en la ciudad de Tlapa. Su lucha es por cinco maestros que desde hace años hacen falta.
Ante la fallida gestión con las autoridades educativas, el maestro Proceso y los padres de familia interpusieron un amparo. Se dio a la tarea de recopilar toda la información para acreditar la indolencia de las autoridades educativas. El 1º de diciembre de 2025, una jueza dictó una sentencia de amparo en la que ordena al secretario de Educación que asigne maestros a la escuela secundaria de Cochoapa El Grande.
Proceso no ha cejado en su lucha junto con los padres de familia para que el gobierno del estado cumpla con esta sentencia. Con ese pendiente llegó a la Ciudad de México. Nunca imaginó lo que sucedería el 1º de junio.
La maestra Blanca Rubio, sobrina de Proceso, relata lo sucedido: caminábamos cerca del Zócalo cuando un contingente de maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) se despegó de la marcha. Las maestras quedamos atrás.
Avanzamos y a lo lejos miré a mi tío Proceso y pensé “qué bueno que no esté al frente del contingente porque me da mucho miedo que se exponga”. En una esquina antes del Zócalo, algunos maestros intentaron derribar las vallas. En pocos minutos tiraron la barrera de acero. Avanzamos unos pasos, pero enseguida se multiplicaron los golpes contra las placas metálicas.
Mi tío Proceso estaba como a 100 metros de las vallas. Observaba la trifulca. De repente, una bala salió del grupo de policías y lo derribó. Los maestros empezaron a correr para protegerse, otros no sabían qué hacer y algunos se regresaron para auxiliarlo.
Escuché el sonido de las balas, pero una amiga me dijo que eran los golpes de las vallas. El miedo me invadió, y mi ansiedad se disparó. Rápido reaccioné y me retiré porque los policías ya estaban aventando gas lacrimógeno. Las balas seguían.
A las 2 de la tarde, un maestro se acercó gritando: un doctor porque un compañero está herido. Cuando oí eso, sentí que mi corazón se contuvo y me dieron muchas ganas de llorar. Vi mi celular al momento en que otra amiga me decía que buscara a mi tío porque estaba herido. Me mandaron una captura de pantalla donde decían que a Proceso lo habían herido de un balazo. Empecé a llorar y a buscarlo como loca.
Un grupo de maestros lo cargó. Me acerqué y le dije que era su sobrina. Le toqué la mano y le dije que todo iba a estar bien. Al doblar la esquina, ingresamos a la clínica particular Jesús Médico. Pedí que nos apoyaran porque mi tío iba grave. Nos dijeron que no tenían los insumos para atenderlo. Insistí en que me apoyaran para trasladarlo a otra clínica porque estaba perdiendo mucha sangre. Por fin nos dijeron que lo trasladarían al hospital 1º de Octubre.
Subí a la ambulancia con mi tío. Antes de llegar al Issste, nos paró un policía y le preguntó al conductor que a dónde iba y a quién llevaba. Nos pidieron una identificación. Con enojo les dije que era el resultado de lo que sus compañeros policías le habían hecho a mi tío. Al fin llegamos al Issste, su cuerpo estaba frío, venía sudando y sufriendo por el dolor. Lo que me tranquilizaba es que estaba consciente.
Nos atendieron cerca de las 4 de la tarde. Después de la tomografía, lo revisaría un médico maxilofacial para reconstruirle la parte del párpado. Fui la primera en ver a mi tío. Le toqué la mano y le dije que todo iba a estar bien, que no tuviera miedo, que como familia estaríamos a su lado. Estuvo consciente y me dijo que no permitiéramos que su caso quedara en la impunidad. Le prometí que lucharíamos para que recupere su salud y para que investiguen a los responsables. Me conmovió su fortaleza y su deseo de seguir en la lucha. El 2 de junio, la dirigencia de la Ceteg planteó su caso en la mesa de trabajo con las autoridades federales. Los padres de familia y sus alumnos de Cochoapa El Grande esperan que pronto regrese a la Montaña.