Agentas de la DEA coludidos con el narco en falsa guerra

​La DEA enfrenta cuestionamientos sobre su funcionamiento ante miles de documentos que exponen casos de corrupción entre sus filas.

Jasminia DP 1 mayo, 2026

La Oficina para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) acumula señalamientos de corrupción desde sus propias filas.

Documentos obtenidos en 2024 por The Associated Press revelaron una descomposición estructural entre sus delegados en los países donde la agencia tiene presencia.

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Los archivos son detallados: funcionarios de la DEA no solo fallaron en su misión, también operaron en beneficio del crimen organizado que decían combatir.

Estos expedientes ofrecen una visión inédita de una cultura de corrupción entre los agentes, quienes convirtieron operaciones de lavado de dinero en una búsqueda de lujos, consumo excesivo de alcohol y sexo ilícito.

El hallazgo alimenta el debate sobre la efectividad real de la llamada “guerra contra las drogas” y pone bajo la lupa décadas de política antinarcóticos impulsada desde Washington.

Exagentes de la DEA lavaron dinero y apoyaron al CJNG

Los casos documentados son concretos. Paul Campo, exagente de alto nivel de la DEA, fue acusado de asociación delictuosa por lavar millones de dólares y obtener armas de fuego y explosivos para el CJNG, organización designada como terrorista por Estados Unidos.

Campo, de 61 años y originario de Virginia, se retiró de la agencia en 2016 tras una carrera de 25 años, para enfrentar cuatro cargos federales relacionados con presunto narcoterrorismo, distribución de drogas y lavado.

No es el único caso. Joseph Bongiovanni, tras dos décadas en la agencia, usó su placa de la DEA para proteger a amigos que se convirtieron en narcotraficantes en Nueva York.  Fue sentenciado a cinco años de prisión.

Los expedientes también recogen episodios anteriores. En 2015, varios agentes participaron en fiestas con prostitutas pagadas por miembros de los carteles colombianos, según reveló CBS News. Las sanciones fueron menores y algunos funcionarios solo recibieron una suspensión de dos a diez días.

¿Guerra antidrogas es una farsa?

Uno de los testimonios más directos proviene de un exintegrante de la propia agencia. El agente José Irizarry señaló que sus actos corruptos fueron resultado de darse cuenta de que la guerra antinarcóticos era una farsa.

Declaró que la DEA y sus agentes saben que no pueden ganar una guerra que no es ganable, que no están haciendo una diferencia y que la lucha contra las drogas es, en sus propias palabras, un juego.

Sus declaraciones apuntan a una contradicción de fondo en la política antidrogas estadounidense. La agencia opera con presupuestos amplios y tiene presencia en decenas de países. Sin embargo, sus propios elementos cuestionan los resultados reales de esa misión.

Este contexto cobra relevancia frente a las acciones recientes emprendidas por EU. A principios de enero de 2026, el juez federal en Nueva York Alvin K. Hellerstein acusó -sin presentar pruebas- a Nicolás Maduro de narcoterrorismo y conspiración para importar cocaína.

La acusación llegó mientras la DEA acumula casos de corrupción entre sus propios agentes. Esa contradicción es la que los documentos ponen sobre la mesa: una agencia que señala a otros gobiernos por vínculos con el narcotráfico, mientras enfrenta acusaciones similares desde adentro.

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